miércoles, 24 de octubre de 2012

Nadie me quiere, todos me odian...


Si honestamente crees que todo el mundo te odia y te envidia y te quiere hacer daño solo por ser quien eres… si crees que tienes un montón de enemigos esperando para atacarte y hacerte el mal en cualquier momento y sin razón, a la menor provocación… si eres de los que se clavan con eso de que el karma existe nada más porque esperas que la simple razón de su existencia sea para actuar siempre a tu favor, destruyendo a toditos tus enemigos por los siglos de los siglos amén porque eres bueno y noble y te mereces que se te haga justicia porque tú nunca jamás le haces daño a nadie… si vives pensando que todos los comentarios negativos que escuchas diariamente son una indirecta muy directa para ti y te repites constantemente que todo se regresa, como si la frase fuese una especie de conjuro, o amuleto o un hechizo benigno contra tus enemigos y más férreos adversarios… si tú crees todo eso o algo de eso… de verdad tienes un problema.

Cada vez que tengas alguno de estos pensamientos mortales y melodramáticos, en vez de fijar tu mirada en los demás, en tus “enemigos”, en tus amigos, en tu familia, en tus compañeros de trabajo, en tu perro o en tu gato… mejor primero voltéate a ver a ti. ¡Asómate a tu corazón! Ten el valor de ver en tu interior. Porque la respuesta a todos tus problemas la tienes tú. ¿Le tienes miedo a tus enemigos? Mejor ten miedo de ti. Cuídate mucho de ti, porque tu peor enemigo está en casa… eres tú. Indaga en tu propio ser, busca tus propias respuestas, háblate mucho, pregúntate mucho, escúchate bien. No te ignores, no te evites, mírate en el espejo, conócete y enfrenta tu realidad con todo tu ser.

“Todos me odian”… muy bien, “¿y qué estoy haciendo yo para que 'me odien'? ¿Por qué 'no me quieren'?"

“Todos quieren hacerme daño, la traen contra mi”… muy bien, “¿de verdad mis acciones son tan cruciales que los demás pasan día y noche pensando en mi y en todo lo que voy a hacer?”…

“Todo se regresa, ¡malditos!”… muy bien, pues eso aplica para ti también. El buen juez por su casa empieza. Arréglate tú primero, ya luego ves cómo juzgas a los demás.

¿Cuánto tiempo perdemos, cuánta energía gastamos pensando en el otro? Si tan solo dedicáramos la mitad de ese tiempo y esa energía a trabajar en nuestro interior, nos sentiríamos mucho mejor. Dejaríamos de ser tan irresponsables de endilgar a los demás lo que nos corresponde solucionar a nosotros mismos.

Mi mejor consejo: concéntrate en ti J

No hay comentarios:

Publicar un comentario